Los ejemplares inmaduros tienen plumaje pardo bataraz; la cabeza distintiva blanca y su cuerpo desarrollado surge de dos a tres años más tarde, antes de la madurez sexual.
Esta especie se distingue del águila real (Aquila chrysaetos) por la cabeza parda de aquella y sus últimas plumas, que se extienden más abajo de sus patas.
Los especímenes más pequeños son los de Florida. Un adulto macho pesa 2,3 kg y tiene una envergadura de 1,8 m. Los más grandes son los de Alaska; las hembras pueden exceder los 7 kg y tener una envergadura de aproximadamente 2,5 m.
Las águilas norteñas son de la subespecie washingtoniensis y las sureñas leucocephalus. Están separadas aproximadamente en la latitud 38° N, o latitud de San Francisco; las norteñas bajan un poco más al sur en la costa del Atlántico, viéndoselas en Cabo Hatteras. El espécimen tipo de Audubon del águila de Washington fue nombrado así en honor de George Washington.4 Las águilas que parecen excepcionalmente grandes como las de Alaska hicieron proponer como subespecie alascanus o alascensis, pero la variación es clinal y sigue la Regla de Bergmann.
El pigargo cabeciblanco forma una especie par con el pigargo europeo (Haliaeetus albicilla). Se produjo la divergencia entre ellas al comienzo del Mioceno Temprano (ca. 10 millones de años al menos —si los más viejos registros fósiles están correctamente asignados al género— (Wink et al. 1996).5
El pigargo cabeciblanco es un poderoso volador y utiliza al máximo las corrientes termales (convectivas).
En estado salvaje su longevidad oscila entre los veinte y los treinta años, pero tiene capacidad de llegar aproximadamente a los cincuenta. En cautiverio viven más tiempo aún, hasta los sesenta años.
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